lunes, 20 de abril de 2009

Lo Fatal y No

Algo dolía, pero en el dolor parecía hallarse también la cara de la alegría. Y pensó en los seres inanimados, sin alma, y pensó en su bienestar quieto de ser sin ser. Más tarde, calmado, Godo pensó en la tristeza de no ser, en la injusticia de la inconsciencia, aun con la pena de ver y de sentir.

Y pensó que había encontrado la causa de sus condenas y de los sufrimientos y que nada podría hacer contra eso. Y se vio atado a los sentimientos, y se vio libre de la ignorancia. Yo no sabía que pensar. Calló mientras se iba.

Godo pensó: "no sé nada, pero aún, por desgracia, puedo sentir. Y además me puedo reír!" Y mató el tiempo y tiró los relojes y sobrevino la calma.

Y lloró y rió al tiempo... Y de repente la vista se le llenó de vida y parecía que le sonreía la mano mientras rozaba las plantas de su pequeño huerto, que crecía.




Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...


Grabación del recuerdo de Godo etiquetado como "Rubén Darío, Lo Fatal (1905).".

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