lunes, 28 de julio de 2008

Una armonía de universo


Podría, repito, podría empezar describiendo algo del día que hacía, de las nubes negras que se aparecieron y se desaparecieron, o de aquel local, tan inesperado como buscado, lleno de un ambiente bastante cálido y bastante compartido; o, incluso, de la calle en la que me separé de mi grupo para reflexionar unos asuntos que me trajo un estornudo de un compañero (que habría hecho yo sin ese Jesús tan expulsado). Pero no lo voy hacer.
Se creería, si me preguntasen en ese momento, que estaba quieto y concentrado en una idea tan débil como las que se me solían ocurrir. En realidad, ahora lo cuento con ciertos meses de adelanto, me movía con un son pasmoso, incapaz de realizarse en una tabla como la mía, ni sobre unas olas como las mías. Que día tan lluvioso y con qué tanta armonía que se me presentaba: estabamos todos inyectados de ella. Música abstracta en estado puto, con unas trompetas y un micro enorme, tan grande que no le veíamos la cara, aunque nadie necesitara verla. Ya olvidado el estornudo, me fijaba en las líneas del micrófono tan inmóviles que parecía que se movían, justo lo contrario que yo, y que seguían cubriendola entera. A su compás se in-sinuaba y yo también que sin darme cuenta yo dirigía sus movimientos con los míos, los acompasaba para que siguiese encubierta detrás del micro, un micro muy antiguo (casi más que la música). Y todos la miraban. Y todos escuchaban.
Sin querer la besé, que armonía sonaba tanto más cuando dejó de cantar. Y los abrí, sin micro, para descubrirla, pero ya estaba descubierta. Después de sonreirme volvío a cantar y yo volví a pensar en mis amigos, que se habían separado en aquella calle, por un estornudo. Todos la miraban. Y yo también. Que incesante armonía: que continúe la música.

¿Alguien sabe qué es el ritmo?

martes, 22 de julio de 2008

A mi me parece


A mi me parece -no sé a ti- que las despedidas son melancolía actualizada. Aquella tristeza -interrúmpeme si te parece- obstinada en su silencio, como la obstinación silenciosa de la supervivencia de los vegetales, que resiste salir pero se ve atraída por que la vean. Cómo iba a ser menos tu caso, pues te gozas en explorar el mundo exterior, te empeñas en ser visto por mi, no sólo ver con tus ojos. Es un dolor querido, como un amor, a cualquier ser querido -cuanto más a una-, padecimiento que apetece...
Las despedidas tienen en su estructura morfológica todo el acierto que se merecen. Se contradice por sí solo en el hecho de dejar de pedir algo, un algo que gusta y que se quiere pedir. Las despedidas son silencios del revés, son palabras dichas -decidas-, una carga de contrarios entre deseos, peticiones y violencias, reservas.
Quiero que te despidas de mi, Godo, digo no, perdón. Hablo despedidas, digo pedir.
Lo siento, entre la Realidad y el Deseo; despedida y aeropuerto. Entre el cambio y la permanencia.
Las despedidas, en fin, son equilibrios por tensión y por oleaje; son intentos, como toda medianía, aunque siempre se pretenda.

[No se me ha dado un don artístico para el dibujo, por eso no pinto ni dibujo un aeropuerCo]