jueves, 20 de noviembre de 2008

Feeling Good

[Os doy 44 minutos para salir, pasado el tiempo cierro la compuerta]

Godo y Yo, en un arrebato casi violento de sinceridad y valentía, en un momento de irremediable vacío y rebelación, en un desnudo casi físico si tuvieran cuerpo, han ido trepando, todo lo rápido que se podía trepar, por un pozo hasta la salida, que era la entrada, para llegar al bosque. Parecía que uno de los dos, no se sabe cuál (quizá porque no importa), iba a conseguir el objetivo marcado por la impaciencia, mientras que el otro (evidentemente no sabemos cuál) de la misma rabia y ataque ha cometido un error y ha retrocido 3 puestos pese a que iba delante.

Unos metros más arriba, casi con un ficticio dedo en la lámina de luz y verde que se asomaba, el uno encuentra marcas de sangre, de heridas. Al oler se da cuenta que es de su compañero, por llamarlo así y ya se debate entre la libertad de la soledad y el remordimiento o la solidaridad necesaria en compañía. El uno odia al otro por ponerle en un brete...

Retrocede, se resigna, llora, se muerde y ayuda a su compañero a bajar hasta el fondo, hasta el final. No se conocen. Se necesitan.

[minuto 44: !crosshh!]

El otro se cura, el uno ya canta, orgulloso y transparente. El que se cura silva y a esto se añade el tarareo del otro, al multísono:



Fragmento del artículo "La historia de la risa" en la obra Memoria desde el fondo de la alegría

miércoles, 19 de noviembre de 2008

A la tercera se va cencido

Godo: Estas últimas grabaciones, Yo, va de huevos, ¿no? o vade retro, jeje.
Yo: Déjame, hombre, déjame.
Godo:...
Yo: es que...
Godo:...yo...
Yo: es que manda huevos
Godo: la ignorancia, es atrevida
Yo:...
Godo: la sociedad, es...
Yo:...
Godo: el país, dicen que...
Yo:...
Godo: la educación, debería...
Yo:...esta es la tercera vez
Godo:...la ignorancia, siempre...
Yo:...ya van tres, como si tal cosa
Godo: yo...
Yo: es que manda huevos
Godo: ya van tres veces que lo decimos
Yo: dejáme, hombre, déjame. Vete con tu pereza, tu desidia, tu mundo, tu tele y tus circunstancias. Vete con todos, déjame.
Godo: Yo...

lunes, 17 de noviembre de 2008

La Testosterona

Yo: Oye Godo, estaba pensando en los huevos del otro día, aquellos de la puerta y del súper; y de que tenían sus tamaños... Tu eres muy serio, pero espero que sepas valorar este chiste de aquí, de la casa, así que como dice los pollos: "vamos al grano". Resulta que dice una maruja en su bar: "niño! este flan tiene un pelo" y le responde el niño: "claro señora, porque lleva huevos...". ¿Lo pillas, Godo?. Manda huevos, ¿eh? ¿Lo pollas? digo ¿pillas?
...............................
¿Godo?
..........................................................

Godo no quería escuchar, pero, de hecho, es lo único que podía hacer, además del tedio... Desgraciadamente para él Yo puso el disco y tarareaba las notas. Ahora pensaba en una madre, nunca había pensado en eso...

Yo: tralará...tralará...corchea+fusa+arrebato de soles...tralará...un fa!jaja - "parará, papá? parará, Patxín, parará" - jaja, fa, sol, doooooooooo, tralará



Casi se le escapa un gracias, pero Godo calla. "Que calle en algún momento" - se quejaba de Yo.

Yo: lalallalalalala

viernes, 14 de noviembre de 2008

Se va... Se fue



Al principio no quería ni verlos. Luego Godo le convenció para no cerrarles las puertas en los pies (duele más que en la nariz). Le costó bastante trabajo: acababan de llegar de hacer la compra, habían subido seis pisos entre bolsas y vecinos que evitar (cuando un edificio se convierte en un juego al escondite, como en las persecuciones de las pelis de miedo por escaleras de emergencia; habíamos, en fin, ganado un descansito antes de empezar a cortar hortalizas y colocar en la nevera el resto de huevos).

¡Vaya huevos! pensó Yo. Efectevimamente, eran huevos tamaño L (los hay S y los hay M, también XL), aunque la sorpresa no duró demasiado, pues sonó el timbre. Y aquí FUE cuando Godo intervino.

¡Vaya Huevos! Los testículos de Jehová en la puerta. ¿Será una llamada del señor (McPherson)? Sí, pero del señor de las moscas y de la guerra. Un debate interesante se dio lugar entre la joven y nuestros dos protagonistas. Entonces Godo convenció a Yo: sería mejor calmarse para debatir y aprender, aunque solo sea para tratar con aquellos que viven del Cuento [hebreo y anteriores].

Yo empezó a cambiar de gesto, su odio no era tal y, como si en las esquena de un bar estuviera, escuchó unas alas batir. Y ya no importó por qué, pero lo cierto es que el odio voló. Un punto de vista distinto le abrió la puerta, aunque no era la verdad la que llamaba, sino la mentira de este pueblo, aquel opio... Aunque interesante opio.

Godo y Yo volvieron a sus menesteres culinarios. El uno se reía, el otro... el otro meditaba.

Desempaquetaron el paquete: !Vaya huevos! - coincidieron los dos a la vez. No se abrazaron porque no se ven, ni se miraron, porque no se tocan; solo se oyeron, porque se susurran.