jueves, 3 de marzo de 2011

Peor para ellos


Acabo de terminar un libro que no quise empezar. Ni siquiera puedo explicar por qué me lo compré. Pero me ha convencido. Un impulso de portada, supongo.

Parece que hablo como un gran crítico de libros cuando en realidad hablo como un diminuto lector que acaba de encontrar un pico con el que extraer algo del conocimiento de los demás. Precisamente, este era el hilo conductor de la obra: transmitir la experiencia del autor (que no, que no revelaré) a su paso por los cientos de libros que se habrá engullido.

Lo ha conseguido, porque ha conseguido hacerme descubrir grandes autores y autoras que me esperan a la vuelta de la semana. Y qué ganas que tengo de charlar un rato con ellos.

Vamos, que al final he venido a descubrir lo que siempre descubro en los libros que leo, por malos que sean, y quizá sea la causa por la que sigo empeñado en ello: encuentro apoyos, reflejos de ideas, una vida compartida que en la vida real no he conseguido compartir y, en definitiva, un salto de la hipocresía a la realidad, que oportunamente se encuentra en la ficción.

Escribió León Felipe aquel poema de "quedan locos" (los que consideran que lo que no vale, como el teatro, vale de algo). Y por incapaz dejo la despedida a quien sí tiene capacidad para ello:

"Vuelvo a cerrar este libro interminable, antimateria de todos los libros. Alzo la vista. Todos los árboles son más bellos, todas las flores más resplandecientes, la infancia está allá, los colores, los olores, el tacto, los sonidos, las hojas, el bosque, el agua, el aire. El problema solo puede llegar a través del uso absurdo que los humanos hacen de sí mismos. No se aman, son psicológicos y sociales, peor para ellos".

(Philippe Sollers, Sade en el tiempo)