viernes, 27 de marzo de 2009

Diálogos de un por qué

Y así, sin venir a(l) cuento, se le apareció una respuesta oportuna ante cuya pregunta tuvo que quedar pensativo aquella noche en que ella lo dijo: cualquier intento por acercarse al conocimiento y su conclusión no será sino otra ilusión, nunca podremos deshacernos de la realidad que hemos creado.
Más tarde pensó ya en la poca probabilidad de que fuera una casualidad, sino más bien algo hacia lo que se dirigía de forma inconsciente (o parcialmente consciente) porque había quedado atrapado en la discusión. La ilusión hizo que creyera que se había olvidado de ello. Pero no, ahí estaba de nuevo una nueva puerta que abrir, como pasa con cualquier secuencia prolongada de palabras con sentido (y qué sentir!), o sea, una charla o discusión (sin gritos, claro).
No era casual pues, porque su actitud perseguía la respuesta, pese a que no lo hubiese premeditado (¿cómo se puede pre-meditar si el acto de meditar en premeditar ya es meditar y premeditado?), la buscaba sin querer, queriendo. Como la quiere a Ella: la quiere hasta sin querer. Por fin tenía algo que darle para el postre de aquella charla de aniversario, un postre adictivo para reincidir, más placentero que el chocolate (y más todavía que los anuncios que vende chocolate!). Leyó:

No dejaremos de explorar
y el final de la exploración será
llegar al punto de partido
y conocer el sitio por primera vez


T. Stern Elliot

Godo se agobió al escuchar el pensamiento de Yo, la cabeza le daba cíclicas vueltas.

Recorte de la sección "local" del periódico Sum que se publica desde 1985 en el interior del país.

domingo, 22 de marzo de 2009

El hombre lobo


Godo estaba asustado: acababa de tener un sueño agitado, y de real que era, se sobresaltó al pensar en la posibilidad de que fuera no simplemente fruto de su imaginación, sino algo más cercano a las premoniciones. Yo trató de convencerle de lo contrario dándole una perorata sobre el mal de la superstición en la sociedad moderna y la necesidad de una "buena" educación. Pero Godo no atendía, se quedó pensando en el árbol...
Se imaginó (o adivinó) un camino oscuro por el que debía ir. Tenía la sensación que no sabía dónde se encontraba, pero por extraño que parezca sabía hacia dónde tenía que ir: debía encontrar el árbol dorado. Más tarde Godo interpretó esto como un símbolo de lo que busca en la vida, de búsqueda interior, y concluyó que el olivo, meditarráneo hasta la punta de sus raíces, era su destino. Al encontrarlo debería cuidarlo, coger sus frutos, darle lluvia, hablarle...
No fue un camino fácil. Godo caminaba entre malezas, asustado, tanto por el miedo en sí, que producía más miedo, como por la sensación inevitable de qué pasaría si no llegaba a encontrar el árbol. Pensó en las circunstancias: todo me pasa a mi. Esta frase, cuando Godo le contaba a Yo el sueño, fue el motivo por el que Godo recibión una bofetada del otro lado. Yo no estaba de acuerdo con esa actitud y se lo hizo saber con una buena hostia... fue la hostia de la libertad, pues le hizo a Godo el favor de reaccionar y pensar que sus circunstancias no importaban tanto como la actitud ante ellas. Ojalá hubiera pensado eso en el sueño. Reanudó la narración y siguió en el camino aquel, esperando que algo o alguien le iluminase, pero no parecía haber esperanzas... Determinó que escalaría hasta lo alto de la montaña, o del bosque, o del mar, lo que fuese, para coger la situación por detrás y dirigirla hacia donde él debía. Así lo hizo.
Todo comenzaba a cambiar, la sensanción, la visión de la oscuridad. Fue en este momento cuando vino la luna a alumbrar algo el camino, pensando Godo que era algo milagroso. Yo apuntó que no era casual que en ese punto apareciera luz,sino fruto del cambio personal de... Pero no quería interrumpir demasiado el relato. Godo siguió y siguió.
Al fin encontró el olivo, pero no era lo que se esperaba, como casi siempre. Era todavía más. Se asustó, no sabía, ahora, tras la oscuridad y en la luz, cómo hacerse cargo de ese bello tronco, de esas bellas hojas, de ese bello mar que tenía delante... Se asustó, y se quedó plantado delante, más plantado que el árbol y se despertó como si huyera de la estampida de una manada de ñúes. Yo acabó de escuchar. Fue inapelable y sentencioso en su conclusión: Godo, no tienes cojones.

Extracto de el Diario de Godo en la incertidumbre visto a toro pasado.

jueves, 5 de marzo de 2009

Versos y reversos

Manolete, manolete,
acuerdate del viejo y la vieja
cuando iban hacia
Albacete, hacia Albacete.

Y un latino, bastante King, dijo: et quid temptabat scribere versus erat, a lo que le respondió el pueblo:
Siento tu cuerpo
Siento tu mente,
Siento quinse
Siento veinte.

Camino de España,
Camino de Flores,
Camino me engañas
Camino me jodes.


Hallábase la hija
del rey en el reino,
esperando sentada
su bella mesnada,
conocida por su tristeza
de no hallar varón,
cuando de lino el traje
se apareció el paje
enseñandole la pija
a la hija que reza
alargando su queja.
Pensó la princesa:
menuda es la vida,
cuanto más duele la herida
más grande la sorpresa,
viendo al machón,
riendo tontuno
pues ella se acerca
corriendo al bastón,
cogiendo y besando
aquello que pesa.
Cuán pija la hija,
que al paje se acoje,
dejando la tristeza
que caracterizó a la princesa.