viernes, 27 de marzo de 2009

Diálogos de un por qué

Y así, sin venir a(l) cuento, se le apareció una respuesta oportuna ante cuya pregunta tuvo que quedar pensativo aquella noche en que ella lo dijo: cualquier intento por acercarse al conocimiento y su conclusión no será sino otra ilusión, nunca podremos deshacernos de la realidad que hemos creado.
Más tarde pensó ya en la poca probabilidad de que fuera una casualidad, sino más bien algo hacia lo que se dirigía de forma inconsciente (o parcialmente consciente) porque había quedado atrapado en la discusión. La ilusión hizo que creyera que se había olvidado de ello. Pero no, ahí estaba de nuevo una nueva puerta que abrir, como pasa con cualquier secuencia prolongada de palabras con sentido (y qué sentir!), o sea, una charla o discusión (sin gritos, claro).
No era casual pues, porque su actitud perseguía la respuesta, pese a que no lo hubiese premeditado (¿cómo se puede pre-meditar si el acto de meditar en premeditar ya es meditar y premeditado?), la buscaba sin querer, queriendo. Como la quiere a Ella: la quiere hasta sin querer. Por fin tenía algo que darle para el postre de aquella charla de aniversario, un postre adictivo para reincidir, más placentero que el chocolate (y más todavía que los anuncios que vende chocolate!). Leyó:

No dejaremos de explorar
y el final de la exploración será
llegar al punto de partido
y conocer el sitio por primera vez


T. Stern Elliot

Godo se agobió al escuchar el pensamiento de Yo, la cabeza le daba cíclicas vueltas.

Recorte de la sección "local" del periódico Sum que se publica desde 1985 en el interior del país.

1 comentario:

  1. creo que deberías incluir un par más de casillas como: incapz de entenderlo,ja! y serio, profundo.

    Es muy Godo o Yo o quería decir yo o godo?Me voy con mi gozo!

    VmD

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