jueves, 20 de noviembre de 2008

Feeling Good

[Os doy 44 minutos para salir, pasado el tiempo cierro la compuerta]

Godo y Yo, en un arrebato casi violento de sinceridad y valentía, en un momento de irremediable vacío y rebelación, en un desnudo casi físico si tuvieran cuerpo, han ido trepando, todo lo rápido que se podía trepar, por un pozo hasta la salida, que era la entrada, para llegar al bosque. Parecía que uno de los dos, no se sabe cuál (quizá porque no importa), iba a conseguir el objetivo marcado por la impaciencia, mientras que el otro (evidentemente no sabemos cuál) de la misma rabia y ataque ha cometido un error y ha retrocido 3 puestos pese a que iba delante.

Unos metros más arriba, casi con un ficticio dedo en la lámina de luz y verde que se asomaba, el uno encuentra marcas de sangre, de heridas. Al oler se da cuenta que es de su compañero, por llamarlo así y ya se debate entre la libertad de la soledad y el remordimiento o la solidaridad necesaria en compañía. El uno odia al otro por ponerle en un brete...

Retrocede, se resigna, llora, se muerde y ayuda a su compañero a bajar hasta el fondo, hasta el final. No se conocen. Se necesitan.

[minuto 44: !crosshh!]

El otro se cura, el uno ya canta, orgulloso y transparente. El que se cura silva y a esto se añade el tarareo del otro, al multísono:



Fragmento del artículo "La historia de la risa" en la obra Memoria desde el fondo de la alegría

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