miércoles, 20 de abril de 2011

Sobre la Historia Interminable

Todavía me sorprendo de haber encontrado La Historia Interminable en la sección infantil de la biblioteca, en lugar de sacarlo de la estantería de filosofía. De filosofía pura. Juvenil es Milenium, Animorphis, Harry Potter. Las Metamorfosis también tiene un bicho enorme y fantástico, pero no es juvenil.


Una de dos: o tenemos un concepto equivocado de lo que es literatura infantil, o los niños y niñas son capaces de hacerse preguntas mucho más profundas y precisas de lo que lo hacemos los adultos. Sin duda, ellos son más sabios.


Borges lo dijo: “antes leía los libro, ahora los juzgo. Tal vez antes era más sabio”.


Dejo la cita en una sola línea para que se destaque. Y se reflexione, de paso. La Historia Interminable tiene a mi modo de ver dos grandes momentos. El primero es el análisis delicioso que se va deslizando entre la historia de Atreyu, Fújur y Bastián sobre el mundo de Fantasía, es decir, una reflexión metaliteraria que difícilmente he podido encontrar en los manuales universitarios.


Será que no he consultado muchos manuales. (Esta frase también queda viuda)


Un historia metida dentro de otra historia que a su vez se multiplica por siempre jamás. Un espejo delante de otro espejo. Solo que en esta historia (ésta vez la historia que tienes “realmente” entre manos) es diferente a la que se cuenta por dos veces en los dos niveles del ficción de la obra. El laberinto metaliterario es tan enorme que sólo de intentar seguirlo me mareo.


Tendré que consultar más manuales sobre la Historia Interminable.



El segundo momento es, sin duda, el más profundo de todos. ¿Qué es el deseo y de dónde vienen? ¿Cuál es la Verdadera Voluntad? Esto se lo pregunta un niño de 10 años frente a un león. Convenientemente, la fiera, que no lo es tanto, le ruge ante tanta ignorancia, ¡¿qué sabrá el niño de esos asuntos?! Sin embargo, se lo cuestiona.


He llegado al Templo de las Mil Puertas y no he sabido responder tan bien como el niño qué es lo que realmente deseo. El peligro, ya lo dice el propio texto, es perderse entre las puertas que van apareciendo al paso a medida que se quiere algo.


Eso, digo yo, también sucede en la vida: vas paseando, se te ocurre una idea, la quieres llevar a cabo y tras unos meses, si no has desistido, tienes en frente la posibilidad de realizarla. Así de fácil. Y así de inconsciente.


Esta es la historia interminable de muchos, la de saber quiénes somos, a dónde vamos y, sobre todo, qué queremos. La Verdadera Voluntad de Bastián, hasta el momento, era encontrar a Atreyu. La mía, no dejar de sorprenderme.


¿Qué hacen los niños con la Historia Interminable?


Que “abrumamiento”. Soy tonto, los niños listos y, además, mucho más felices. Será que desean divertirse.


¡Ouch! (Homer, otro grande como Ende)


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