sábado, 20 de septiembre de 2008

La mierda también se ríe

Yo creía, desde hace tan solo dos horas, que la salud era lo primero. En efecto, es lo segundo, como solía creer hacía 3 horas.
El cambio le sobrevino cuando se disponía a devolver una serie de ejemplares desleídos de la biblioteca, aquel ignoto edificio, con un problema ventricular, seguramente consecuencia de sus escapadas (rurales) a las clases nocturnas de danza del vientre. Pero resultó ser un alumno aventajado, y las clases a las que asistía a través de sus sueños tomaron vida propia en la propia barriga, aprendiendo ésta a danzar por su cuenta.
Fue, por acercar más el zoom a la anécdota a la cual sobrevino el cambio de opinión sobre la salud, un movimiento in crescendo. Yo pensaba en sus cosas, o en la de los demás; pensaba primero spbre el objetivo del ser humano al andar y el milagro de su consecución: primero el pie izquierdo, luego el pie derecho, o al revés, intercalándose, dándose como resultado el movimiento rectilíneo y erigido. Pensaba, además, entre gases sutiles, a modo de paréntesis cerebral, que si hubiera evolucionado la especia hacia una solo anca, un solo pie y una sola rodilla, habrían cambiado tanto los huesos diminutos del oído (los tres, que juntos, es sabido, forman la cóclea) y el modo de equilibrar cerebralmente el movimiento rectilíneo y erigido, como también hubieran cambiado las formas de desplazamiento: no seríamos más que pelícanos sin alas, jugando a la pata coja, pensaba Yo.
El compás fue acelerándose, acrecentado el ritmo, cosa por la cual el vientre empezó su danza. Todo parecía haberse soñado ya, un dejà vu, en las escapadas nocturnas a las clases de la imaginación, pero no, era real: la danza del vientre había comenzado. De pronto Yo se dijo que ya dejaría para otro momento la elucubración evolutiva del hombre y se echó las manos al bajo vientre. Le sobrevino la idea de que los gasteorópodos debían sentir un cosquilleo equivalente al suyo en sus pies ventrales al desplazarse. De esta forma aunó dos pensamientos en principio dispares y se puso a reír, con tan mal fortuna que la risa fue interpretada por el vientre propio como el estribillo de la pieza musical, lo cual originó un movimiento acelerado e histérico hacia el lavabo del ignoto edificio aquel, entre risas y lágrimas. El compás estaba en un grado supino (e superlativo) de velocidad, todo parecía una locura, como los trazos esquizofrénicos de Van Gogh.
Entonces pensó que lo más importante no era la salud, sino la risa, y comenzó un espectáculo sonoro y oloro de los más peculiares, en un ambiente cálido de silencio y de libros: no podía por menos de desternillarse, y a fe que lo hizo, a la vez que su vientre bailaba a sus anchas y el cerebro, olvidándose de todo atisbo de inteligencia casual, entonaba un in crescendo divertidísimo de un rock desde el vientre:



Yo soy Godo. Aprovecho el momento íntimo que Yo tiene con el baño, quién sabe si estará divirtiéndose de nuevo. No me gusta que no se tome en serio nada.

Vaya mierda

[De Las aventuras de Godo y Yo, contados por Godo, ediciones Ventriculares, Barcelona, 2008.]

1 comentario:

  1. jejejejejjejeje...........XDDDDDDDD

    te quiero, loko entrañable XD ....XD !!



    muaaaaaaaaaaaxx!!!!

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